Uno de los ejemplos más concretos es el de la educación (y como en estas épocas todo debe llevar prefijo neuro, por supuesto que hablaremos de neuroeducación). La neurociencia cognitiva ha avanzado muchísimo en entender los procesos de lectura y escritura, las bases de la atención y la memoria, las mejores formas de transmitir el conocimiento. Pero esto, ¿llega al aula y a la señorita Clotilde, que pone sus mejores intenciones para educar a esas bestezuelas? Hace unos cuantos años un artículo afirmaba que entre la neurociencia y la educación había «un puente demasiado lejos». Y así fue por mucho tiempo…

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